Ya sé, el título, además de poético, suena a un capítulo de “Stranger Things”, pero siento que es verdad. Siento que después de que mi mamá falleció, descubrí todo un mundo relacionado con la muerte. Descubrí una galaxia de emociones, conexiones, información, sentimientos, canciones, recuerdos y hasta los libros de Elisabeth Kübler-Ross. Es totalmente cierto que no lo entiendes hasta que te pasa y cuando alguien más pierde a un ser querido, es como si quisieras darle un abrazo y decirle: “Entiendo un poco de lo que estás pasando, conozco ese dolor que cargas y sin que me lo digas sé que tu corazón está roto”. Es una especie de “Bienvenido al club de yo también he perdido a alguien importante en mi vida”.
La pérdida de alguien siempre viene acompañada de una historia, muchas emociones y lágrimas. Desde esas muertes inesperadas, hasta las que fueron un largo recorrido por un camino lleno de altibajos por una enfermedad. Cada historia tiene sus matices, detalles y pausas dolorosas. Creo que cuando alguien cercano a ti se muere, te rehúsas a perderlo, entonces encuentras una manera de sentirte conectado y ahí es donde se abre ese portal entre la vida y la muerte del que te hablo, ese pasillo donde deambulas, caminas y vives hasta sentirte tan cómodo como en la sala de tu casa.
Los primeros días después de la muerte de mi mamá, hablaba con ella, que ante los demás se podría decir que hablaba sola. Le pedía que me ayudara, que me mandara paciencia. Tuve que hacer varios papeleos y visitas al banco, sinceramente fue terrible, te das cuenta que hay mil cosas que tienes que solucionar como cancelar tarjetas del banco o su línea telefónica, etc. En ese momento, tenía los días contados antes de viajar a Barcelona, por lo tanto, debía dejar muchas cosas listas para poder irme tranquila. Así que a veces antes de algún papeleo, de bajarme al banco, le pedía a mi mamá que me mandara fuerza para poder hacerlo, todo esto en voz alta, como una conversación cualquiera.
Luego esta otra versión de magia: la naturaleza. Es como si a veces sintiera que mi mamá está presente en todo lo que me rodea, una lluvia o un increíble atardecer. Cuando estuve en Girona, en la icónica catedral que sale en Game of Thrones. (Aunque claro, cuando fui ese capítulo solo se había grabado, todavía no se estrenaba) Subí esos escalones y conforme fue bajando el sol, fui testigo de uno de los atardeceres más increíbles de mi vida. No sé ni como describirlo más que impresionante, bello y mágico. Lleno de tonalidades naranjas y doradas y con una estela que iluminaba todo el cielo. Sentí tantas ganas de llorar y no era tristeza, de alguna manera este cielo de acuarela me hizo pensar en ella, la sentí ahí, sentía que ella me estaba hablando a través de este atardecer y me estaba recordando lo bella que es la vida. Recuerdo ese momento y confieso que siento ganas de llorar nuevamente. Ese atardecer en Girona es uno de los momentos más bonitos que guardo en la memoria: de vez en cuando scrolleo en mi feed de Instagram para recordarlo y revivir ese día en mi cabeza. Por eso te lo comparto…

También a veces cuando siento que estoy teniendo un día de esos donde siento que nada me sale bien en la vida de adulto, al día siguiente florecen las plantas y flores favoritas de mi mamá en la casa y siento una especie de esperanza, lo tomo como un mensaje que transmite que todo va a estar bien. La recuerdo a través de fotos, canciones como “Tú de que vas” de Franco de Vita o “Hasta la raíz” de Natalia Lafourcade.
Cuando hablo de este portal, me refiero a que he descubierto un espacio lleno de magia, nostalgia y de vez en cuando dolor. Abrir este umbral es buscar a esa persona que amas en cualquier detalle inadvertido, es estar dispuesta a creer que hay algo más allá de la muerte y que los grandes amores no pueden apagarse, no se extinguen. Es entender que aunque no la tengo físicamente, ella está conmigo. La escucho regañarme, a veces me descubro muriendo de la risa sola porque recuerdo algún chiste o frase que me dijo alguna vez. A veces puedo escuchar perfectamente lo que me diría, también la siento presente cuando veo a Mila, mi perrita. Creo que Mila también la recuerda como yo y sabe que antes de todo lo que estamos viviendo ahora, había una vida donde una señora de sonrisa gigante nos alimentaba y daba todo el amor que cabía en su pecho.
Pero este portal también tiene algo negativo, este poder de sentir la muerte y tenerla tan presente, se vuelve peligroso, porque a veces esa tristeza puede arrastrarte a un lugar muy oscuro y si no tienes cuidado, es muy fácil dejar que el dolor te invite a tomar un café y te tenga ahí escuchando todas esas historias, te entretenga con lágrimas y grandes dosis de nostalgia. Es muy fácil dejarse cobijar por el recuerdo. No temes sentir, no temes llevar tus sentimientos al máximo. Entonces estando ahí olvidas un poco tu presente y futuro. Te quedas estacionado en aquel momento donde tenías a tu persona, esos tiempos donde la vida era simple y no conocías la amargura de un corazón roto, lleno de curitas y espacios vacíos.
Más de una vez me he dejado acompañar por esta oscuridad, teniendo temporadas de ansiedad, depresión e insomnio, sintiendo que el dolor me mantiene unida a mi mamá. Cuando pienso en ella la extraño, cuando la extraño me pongo triste y cuando me pongo triste, siempre deseo que no se hubiera marchado. Un círculo vicioso que solo puede llevarte a una tristeza sin fondo que no vale la pena y que no es el propósito de nuestras vidas. Con el tiempo he aprendido a alejarme, valorando lo bonito que hay en mi vida, las bendiciones que tengo. Pienso que a mi mamá le gustaría verme feliz y plena, no llorando su pérdida por el resto de mis días.
Después de que falleció mi mamá, fallecieron dos de mis tíos más cercanos (sus hermanos), la familia vivió una mala racha de pérdidas y muchos sentimientos en muy poco tiempo. Después de esto me puse a pensar en cosas como ¿qué pasa si me muero mañana? ¿La gente que amó sabría cuales son mis deseos? Hasta que no se muere alguien cercano a ti, no sabes todo lo que implica: desde costos, misas, protocolos, buscar fotos del fallecido, pagar flores, sacar dinero del banco, cancelar tarjetas, dar de baja servicios, etc. Todo esto me puso a pensar mucho y sé que no puedo preparar un manual para mi muerte, pero confieso que no me da miedo hablar del tema.
Con este relato solo intento compartir un poco de lo que ha significado perder a mi madre, pero sobre todo compartirte mi experiencia sobre el portal que se abrió en mi vida después de que eso sucedió, ese donde tienes el corazón roto, pero crees en la magia del universo, donde una flor deja de ser solo una flor, un abrazo puede ser el abrigo más reconfortante y un libro puede hacerte llorar. Con el tiempo aprendes a manejar tu dolor, a escoger los momentos para dejarlo salir y los momentos en los que debes decirle: Detente, necesito mi energía y felicidad al máximo. Mi vida me necesita con los sentidos encendidos y el corazón tranquilo.
Vivir con la pérdida de alguien es haber conocido un dolor muy profundo que a veces ni siquiera puedes poner en palabras, pero también es confiar en los misterios del universo, aprender a escuchar señales y dejar que nuestros muertitos sigan manifestándose en forma de canción, atardeceres, un plato de comida o en las palabras sabias de un extraño. Como dijo Patti Smith…
“Todos vamos a tener este momento, es parte del paquete humano, es parte del privilegio de ser humano, todos tendremos nuestro momento en el que habrá que decir adiós, no es nada personal, todos tenemos que pasar por el y he aprendido que todas esas personas que perdemos están dentro de nosotros, se vuelven parte de nuestro ADN, se vuelven parte de nuestra sangre. Si nos mantenemos abiertos, ellos vendrán”

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