Otro post para extrañarte

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Otro post para extrañarte

Mamá

4 meses han pasado. 4 meses que a veces parecen una eternidad y que a veces cierro los ojos y estoy ahí contigo; riendo, comiendo esquites y todo me parece tan cercano. El tiempo es un tanto sanador y un tanto traicionero. Al menos eso siento.

Irónico es que la muerte te enseñe tanto de la vida. Intento definir qué siento cuando estoy triste, intento describir el duelo y sólo puedo decir que es todo y nada a la vez. Es como si tu vida se llenará de tantos sentimientos que consumen y a la vez sentir un vacío de un alma medio acalambrada. Es tan complicado como se lee.

¿Has visto esas películas donde el personaje tiene un flashback, viaja a ese recuerdo y luego regresa al tiempo real? Bueno, es vivir algo similar. Es una batalla entre quedarte atorada en el pasado y recordar que la vida sigue su curso. Lo quieras o no. Así es un poco de mi día a día, puedo estar caminando por la calle, cuando una señora adelanta el paso y puedo sentir el olor de su cigarro. Ahora yo apresuro el paso, porque por muy extraño que suene quiero sentir ese olor que me recuerda a ti.  Entonces mi mente viaja y luego me veo obligada a regresar a la realidad.

Veo una fruta en el mercado y recuerdo que así es como te llamaba una de mis mejores amigas “Pitahaya”. Todos ven un refri repleto de latas de Coca Light, yo veo tu vicio favorito. Me pongo una blusa y sé que es la blusa que tenía puesta el último día que estuviste en el hospital, la última vez que tomé tu mano. Escojo unos aretes y recuerdo perfectamente qué estábamos juntas cuando los compré. Y cuando me pongo a ver collares y aretes en las tiendas, recuerdo que siempre me decías que te encantaba que me “colgara hasta el molcajete” y que te gustaba verme así, llena de colores y formas.

Recuerdo tu sonrisa, tu mal humor, tu deliciosa comida, los desayunos de los domingos y tantas cosas más; esto es a lo que me refiero cuando digo que la memoria es traicionera; porque no es que quieras echarle sal a la herida pero no hay forma de evitar que la mente viaje a los recuerdos. Entonces aprendes a vivir así, a dejar que el corazón se llene de recuerdos y luego “vuelva al tiempo real”. Se aprende a vivir entre lágrimas y risas, a columpiarse entre sentimientos y emociones. Poco a poco, te das cuenta que puedes platicar de ella, llorar un poco y luego reír casi simultáneamente porque no queda de otra y porque sé que tú siempre fuiste una mujer fuerte y sonriente.

En resumen, vivo en un eterno flashback, entre recuerdos y un presente que me sonríe. Tenme paciencia Alicia, le pongo todo el corazón a esta vida que me dejaste pero a veces te extraño más de lo que pueda describir con palabras.

Con cariño, tu Chini.