Perdida en el súper

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Perdida en el súper

¿Se acuerdan cuando eran chiquitos y acompañaban a su mamá al súper? Yo sí. Lo hacía todo el tiempo y más porque mi mamá era de esas mujeres que parecía tener un imán para las compras y pasar el tiempo en Walmart, Chedaui o inserta la marca favorita aquí; Ella se paseaba por los pasillos, comparaba precios, tocaba frutas y cazar ofertas era parte de toda la experiencia.

La verdad, creo que como a muchos niños yo no disfrutaba mucho la experiencia, a menos que supiera que iba a salir de ahí con un bote de helado o una caja de Mamuts, así que lo mejor de estos paseos obviamente era: ir al área de juguetes. Podía pasar largos minutos viendo las barbies, sus casas, las novedades, los juegos de mesa y todo lo que hubiera alrededor. Pero todo lo bueno llega a su fin y era hora de seguir el recorrido o pasar a la caja a pagar. Usualmente no había problemas de logística y encontraba el punto donde debía reunirme con mi mamá pero había veces (muy pocas pero sucedía) por unos instantes no podía encontrarla.

Creo que todos lo hemos sentido, avanzas, recorres los pasillos y no, nadie se parece a tu mamá. Recuerdas los colores con los que iba vestida o lo que traía en el carrito pero no. Al final todos sabemos lo que sucede: entre esas caminatas, ella te encuentra a ti o tú a ella, da igual. Te sientes feliz de no ser un niño o una niña perdida y poder regresar a la casa con ella.

Bueno, el punto de toda esta historia es que si pudiera describir cómo me siento ahora es así: estoy perdida en el súper. Este es el sentimiento que me acompaña, camino pero sin estar muy segura a donde ir, me siento vulnerable y todo me parece abrumador, justo como cuando veía esos pasillos y no aparecía mi mamá. Todo te parece gigante y no ves muchas salidas.

Soy la Paulina de 6 años penosa, asustada y que magnifica sus miedos, la que busca a su mamá por todas partes. Se me deshace todo por dentro cuando sé con certeza que no la encontraré, al menos  no de la manera física y terrenal en la que podía hacerlo antes. Entonces caminar los pasillos del “súper” se vuelve más pesado, no hay helado suficiente que baste o Mamuts que ayuden; mucho menos una Barbie.

Muchas cosas cambian y lo seguirán haciendo, ahora disfruto ir de compras y encontrar ofertas me parece un gran logro del día; todavía elijo mal ciertas verduras, o confundo el perejil con el cilantro a pesar de que han costado muchos regaños; pero al menos voy avanzando, un poco temerosa pero no he dejado de empujar el carro.

Y quién sabe algún día podría ser yo la mamá que pierda y sienta alivio al encontrar a su niño…

Poly.