
Nunca falta ese momento donde tu mamá encuentra esa blusa que buscabas, resuelve una de tus dudas y soluciona un problema de una manera tan fácil que te hace sentir tonta.
Al final ella siempre me hacía la misma pregunta “¿Cómo le harás el día que yo no esté?” y siempre le contestaba lo mismo… “Como Dios me de a entender” y ella remataba con un “El problema es que Dios no te da a entender nada” y las dos nos reíamos.
Pues este post es mi manera de reconocer que estoy viviendo como Dios me da a entender, han pasado dos años. Ya no he escrito mucho al respecto y no por falta de inspiración, o porque no la recuerde porque créanme, ella va conmigo a donde vaya. Más bien porque a veces me es difícil explicar esta parte de mi vida. Esta donde el tiempo ha pasado y he aprendido a resolver cosas; voy creando una vida donde ella no está físicamente, donde ya no estoy tan triste pero tampoco soy del todo feliz porque la extraño.
Esto es lo más complicado: estar como en medio de todos los sentimientos, tratando de descifrar esto que llamamos vida.
La parte que he aprendido de estos dos años después de la partida de mi mamá es a tener resignación, entender que era su momento para marcharse después de tantos años de lucha contra una enfermedad tan poderosa y que su vida no hubiera sido la misma.
No sabes cómo una pérdida de este tamaño puede cambiarte la vida hasta que lo vives y si me preguntaran qué es lo más complicado y difícil diría que es como estar vulnerable todo el tiempo, de verdad no saben lo fácil que es para mí sentir TODO en un breve lapso de tiempo. Puedo recordar algo muy lindo y ser la mujer que llora cuando escucha “Hasta la raíz” de Natalia Lafourcade, pero también puedo ver un atardecer o tener un buen día y sentirme la mujer más afortunada por estar en este mundo. Creo que irónicamente esta vulnerabilidad te da más fuerza con el tiempo.
Muchos miedos se han ido, en varios aspectos de mi vida siento que no tengo mucho más que perder o aunque lo tenga no me da miedo enfrentarlo. Obviamente no lo deseo, pero la verdad es que no me da miedo quedarme sin trabajo o cambiarme de ciudad u otras cosas que antes me hubieran aterrado.
Valoro el dinero porque se gana con esfuerzo pero sin duda alguna, me he vuelto más libre en ese aspecto. Después de lo de mi mamá entendí que hay cosas que ni teniendo una mina de oro se arreglan. El dinero es una herramienta pero no es la fuente de mi felicidad. Soy más desprendida y eso me gusta.
Creo que me he vuelto más humana (y no es que antes fuera un robot) pero siento que puedo ser más empática en muchos temas; puedo olfatear cuando alguien la está pasando mal. Conozco el valor de un abrazo o un mensaje lindo. Te vuelves más agradecido, más sentimental, tal vez más cursi.
Después de perder a mi mamá, entendí que también viví un duelo de mi persona, me refiero que por un rato quise “regresar a mi vida de antes o ser la de antes” me empeñaba en hacer un esfuerzo por regresar a la “normalidad” pero la realidad es que ya no puedes regresar a eso, porque el cambio ha sido demasiado drástico. Había mucha tristeza con la que ahora debía convivir cada mañana, también sentí que mis habilidades sociales se habían regresado varios pasos atrás. Me costaba mucho interactuar y crear nuevos vínculos o amigos; y créanme esto fue complicado cuando justo estaba en un país nuevo, con gente nueva.
Entonces empecé a hacerme a la idea de que soy una nueva Paulina; ahora he tenido problemas para dormir, he lidiado con ataques de ansiedad y es horrible cuestionarte o decirte ¡Esto antes no me pasaba! Tengo problemas “encajando” en muchas partes sociales de una rutina normal: como los trabajos de 9 a 5 y estar en lugares o situaciones donde no tenga el control también me hacen sentir nerviosa.
He decido aceptar a esta nueva Paulina, con sus nuevas vulnerabilidades pero también con más sabiduría y fortaleza. He decidido aceptar que apenas estoy aprendiendo a lidiar con estos nuevos sentimientos, las nuevas responsabilidades, con los días festivos sin ella y muchas situaciones del día a día.
La verdad es que no lo tengo todo descifrado, todavía me faltan muchas cosas por hacer, metas por tachar de la lista y realidades por aceptar. Pero creo que voy por buen camino y eso me hace sentir orgullosa, el haber perdido a mi mamá me dejó muy triste pero a la vez es como si siempre tuviera una estrella guiándome que me está llenando de cosas bonitas todos los días por las que estoy agradecida.
Este post también es para decir gracias, gracias a mi familia por estar ahí siempre que la necesito, a Jorge por ser la pareja más amorosa y paciente que la vida pudo haberme dado. No es nada fácil ser novio de una persona en pleno momento de duelo, a las amigas y amigos que me animan, que no dejan de estar pendientes y también agradezco a las personas con las que trabajo, (jefes comprensivos incluidos) porque me convertí en una Godínez especial. Una responsable pero que viaja en cada oportunidad que puede.
Y aunque estoy viviendo como Dios me da a entender, confío en que mi mamá me está mandando las señales para escuchar el corazón con más claridad y más fuerza.
Poly
Deja un Comentario