La realidad es que cada vez busco más la libertad en distintas maneras: horarios, formas de trabajar, viajar, mi relación, mi manera de conectar con el mundo y todo lo que me rodea.
La tecnología obviamente es una herramienta que me facilita de maneras increíbles la vida: puedo trabajar a distancia, corregir calendarios, checar publicaciones, hablar con mi familia, amigas y toda esa lista de actividades que todos hacemos con el teléfono y una conexión de internet.
No sé ustedes, pero yo soy ultra distraída y a veces estoy en una tarea, pero me meto a Facebook y un link me llevó a Buzzfeed y de repente ya estoy comprando maquillaje en Colourpop. También me pasa de manera offline, a veces estoy trabajando y me levanto a hacer café y de la nada ya estoy lavando ropa. Trabajar en casa ha tenido sus retos, sobre todo de concentración y organización.
El teléfono es de mis mayores distracciones; es verdad, me ayuda con cosas de trabajo pero seamos honestos ¿Cuánto tiempo en el teléfono realmente es tiempo productivo?
Como todo adulto, me doy cuenta de las pocas veces que estamos realmente presentes en lo que estamos haciendo, a veces tengo momentos donde me cuestiono cosas como ¿en verdad quiero pasar tanto tiempo admirando la vida de alguien más en vez de vivir la mía?
Creo que estar presente es el mejor regalo que nos podemos dar y le podemos dar a alguien más. Ejemplo, en una cena de amigas intento no tener el teléfono en la mesa porque es pura tentación; qué ironía arreglarte, pagar una cena y estar en frente a alguien más para estar platicando con una persona que está en otro lugar. Ya sé, sueno como una señora hecha y derecha, pero son cosas que hacen ruido y que me ponen a pensar.
Desde hace mucho hago algo que mi familia y sobre todo mi novio odia: poner el teléfono en silencio. Entiendo que a veces no es muy práctico y que puedo perderme llamadas importantes.
Pero, ¿en qué momento se volvió una obligación social estar disponible 24/7 para trabajo o familia? ¿En qué momento te convertiste en una mala persona por querer leer o ver la TV sin estar con el teléfono en la mano? La gente asume que porque usamos un smartphone es nuestra obligación contestar y perdón, pero no lo veo así.
No siempre me sale, pero mi objetivo es, si estoy haciendo algo: tratar de que al menos el 90% de mi mente esté ahí. El ruido del whatsapp es algo que me distrae muchísimo, si lo escucho sonar y no voy a atenderlo, me vienen pensamientos a la mente como ¿quién será? ¿si no contesto rápido se enojará? ¿estará bien mi papá? ¿podría ser mi hermana? Y no puedo continuar lo que estaba haciendo. Muchas veces tomo el teléfono y todo lo que encuentro son cadenas, memes o alguien de la oficina preguntando a los demás si quieren algo del oxxo.
Obvio intento checar mi teléfono cada determinado tiempo, porque entonces cuál sería el punto de tener uno; pero yo decido esos tiempos. Lo tomo, leo, contesto y puedo seguir con mis tareas o mi vida.
Si voy manejando lo mismo, me gusta concentrarme en lo que estoy haciendo. Estar presente en algo tan sencillo como es manejar.
Déjenme les narro esta breve historia: voy manejando, escucho las notificaciones, alargo el brazo para abrir mi bolsa, me echo unos dos minutos de tanteo para encontrarlo, lo desbloqueo, leo, siento esa necesidad de contestar en ESE preciso momento, además esa persona ya sabe que lo leí y está esperando mi respuesta, no quiero que piense que no me interesa contestar o peor aún, que no sé qué contestar (si se trata de un argumento importante). Entonces aprovecho cualquier alto para contestar, la plática sigue, llego a mi destino, pero no puedo bajarme del coche porque no puedo dejar de contestar. Hay una pausa, aprovecho para bajarme, sigo con el teléfono en la mano. Si se trata de algo negativo, posiblemente mi actitud con la que he llegado a mi destino ya no es la misma que tenía cuando salí de casa. Me siento agobiada, se me pasa saludar a ciertas personas y mi mente está en otro lugar. ¿les suena familiar?
No quiero sonar a que estoy huyendo de una conversación, pero creo que debemos encontrar los momentos para cada cosa, si son cosas breves que podemos finalizar con un ok, gracias, lo checamos luego, ya leí el correo, pues ¡perfecto! pero si es tu amiga contándote una historia, posiblemente sea mejor esperar hasta que tengas la mente y el corazón para contestarle.
Este post no es para decirles cómo deben usar su teléfono o Whatsapp, más bien esto es un sentimiento que me nace compartir, que de vez en cuando me ha causado problemas, pero que de cierta manera me hace sentir libre y presente. Manejo contenta por la ciudad con mi teléfono en silencio, me baño feliz con el teléfono en silencio, solo escuchando música. No quiero vivir atada, pidiendo disculpas porque ¡me estaba bañando!
Hay que aprender a contestar lo que es relevante y lo que necesita resolverse, pero no todo puede ser prioridad.
Estar presente es uno de mis grandes objetivos y no sólo lo digo para cosas que idealizamos, si no cosas tan importante como el trabajo y armar reportes de manera decente o cosas sencillas como preparar un buen café, maquillarme o por fin tener a mi novio en frente (sin computadoras de por medio) tomar un respiro y decir ¿qué tal tu día, todo salió bien con tu propuesta?
Como pueden notar tengo una relación complicada con Whatsapp, pero ¡Vamos para largo!
y mientras tanto seguiré en el intento de mantener el equilibrio entre ser eficiente y vivir una vida tranquila y más presente.
Poly.
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