Posponiendo la felicidad

Hello from the other side!

y por other side me refiero a todos los deberes, tareas y placeres de ser adulto. Hace mucho tiempo que no escribía, pero aquí estoy.
Hoy quiero escribir sobre mi “teoría” del arte de posponer la felicidad, sobre cómo tenemos esa habilidad de “etiquetar” nuestra felicidad, envolverla, ponerle nombre y hasta precio.
Lo digo por experiencia. Muchas veces me he encontrado pensando, seré feliz ya que vaya al gimnasio y tenga un cuerpo tonificado, seré feliz cuando sea más exitosa en el trabajo, seré feliz cuando tenga una casa más amplia o mejor decorada o hasta cosas tan básicas donde me obsesiono por tener un vestido, zapatos o maquillaje porque es lo único que me hace falta (“según yo”)
A esto me refiero con posponer la felicidad, porque pensamos que no seremos felices hasta que hayamos conseguido ciertas cosas, hasta que seamos de cierta manera o tengamos cierta cantidad de dinero en el banco.
No puedo decir que estoy curada de este “mal” pero siendo muy sincera he aprendido mucho de Jorge (para los que no me conocen Jorge es mi novio, pareja o marido), es como si él tuviera este chip de estar presente y ser feliz en el momento.
Pareciera que va jugando bajo sus propias reglas y no deja que nadie más le diga cómo vivir su vida.
Verlo siendo tan dueño de sí mismo, hace que yo quiera lo mismo para mí. En vez de estar pensando que necesita una oficina con su nombre, el aplauso de algún directivo o un lujoso coche, Jorge se preocupa cada día por ser el mejor en lo que hace. Aunque trabajamos desde casa, se levanta y es como si la computadora lo absorbiera y se olvida de lo que pasa a su alrededor. Se concentra y aunque no está usando un traje, creanme mentalmente él está en modo “oficina”.
A lo que voy, es que él está presente, atento a lo que sucede día a día, siempre intentando aprender más, leyendo sobre plataformas nuevas, saboreando su café y cuidando detalles de su trabajo.
No creo que esté mal tener ambiciones, desear cosas materiales o querer un mejor puesto de trabajo. Lo que creo que está mal es poner la carga de nuestra felicidad en eso, sé que sueno a postal de motivación, pero si no eres feliz con lo que tienes hoy ¿qué te hace pensar que serás feliz mañana? Me ha costado mucho entenderlo, pero ahora lo tengo más claro que nunca. He aprendido que cuando eres infeliz, serás infeliz siendo gorda, flaca, con ropa nueva o viajando por el mundo. La mente y autoboicot es más poderoso que todo eso.
Dejemos de pensar que objetos u cosas de afuera nos van a hacer felices; porque el problema es que serás feliz cuando tengas el coche nuevo, pero 1) esa felicidad durará poco y 2) el camino hacia esa meta será un camino lleno de quejas, insatisfacción y actitud resentida. Se los prometo que ya he estado ahí, somos tan caprichosos que sólo podemos pensar en lo que nos falta o lo que viene después.
En algún artículo de internet leí algo como “El éxito es estar en paz contigo mismo” y me dejó pensando. Suena tan simple pero el concepto detrás de esa frase, justifica todo lo que les estoy escribiendo.
Por momentos me dejo llevar por los conceptos de ser exitoso: que consiste en tener un gran trabajo o vivir para él, bienes materiales, casas, coches, estatus o reconocimiento social y claro la parte de la apariencia: verte bien, vestirte bien y tener un lindo cabello.
Pero me queda claro que no son los estándares para los que quiero vivir. Repito, no estoy en contra de nada de eso, sigo disfrutando de un buen día en el salón de belleza y estoy en proceso de comprar un coche; pero soy feliz, con lo que tengo hoy. Estoy agradecida de tener una familia que me apoya, amigas que son hermanas, una pareja que entiende mi locura, un techo donde vivir y varias anécdotas recolectadas a lo largo de los años. Tengo salud, un trabajo que disfruto mucho y que me permite viajar.
He entendido que no seré más feliz mañana, que no debo posponer mi felicidad, porque eso solo depende de mí.
No puedo pasar mi vida esperando, el tiempo pasa muy rápido.

Regresando a Jorge, él me ha enseñado a ser feliz todos los días: en pijama, sin fotos de Instagram, enseñándonos artículos o memes, sin poses, sin tener que mostrarle al mundo que somos exitosos, porque siendo honestos: no lo somos. Somos una pareja como cualquiera y lo único que intento es que nuestra relación sea lo más genuina posible y que esté llena de momentos que nos llenen de felicidad y sobre todo tranquilidad.
Por último, cuando hablo de felicidad, no hablo de eso que se nos ha vendido o que aparece en Instagram; esos momentos de euforia y sonrisas, donde todo es increíble porque estás de viaje o en la boda de tu hermana.
Seamos honestos, nadie vive así todos los días de su vida. Cuando hablo de felicidad, hablo de tranquilidad; incluso al estar haciendo cosas tan rutinarias como trabajar en la computadora o lavando platos. Felicidad para mí es vivir sin ansiedad del futuro y sin juzgar cada paso que doy, dejar de calcular cada movimiento y disfrutar el momento, porque es todo lo que tienes.
Mi concepto consiste en eso: la tranquilidad del día a día y mi paz mental, que haya menos días de insomnio y preocupaciones absurdas. Más días de trabajar en pro de lo que quiero y de ser más amorosa con los que me rodean. La tranquilidad de sentirme amada por los demás pero sobre todo por mi misma. Sintiéndome cada día más fuerte, inventando y creando la vida que quiero y no la que me dijeron que debo tener.

Espero no haberlos mareado y que este post les sirva de algo.

Con amor Poly.

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