- La expectativa. ¿A qué me refiero? Siempre te dicen el gran paso que es vivir con alguien (y lo es) pero hay demasiada expectativa al respecto. Frases como -¿vas a vivir con él? – -Prepárate para dejar tu libertad- (esto aplica más para hombres) – Todo perderá el encanto -¿Esto significa que se van a casar? Primero que nada la gente siempre te habla de las cosas malas de vivir con alguien: que te puedes cansar de pasar demasiado tiempo juntos, los hábitos o el hecho de perder la individualidad. Nadie nunca habla de las cosas divertidas de esta etapa ¡Que de verdad si las hay! Así que lo primero que he aprendido es que es más divertido de lo que te dicen. Así que la respuesta a todo es: No, no he perdido mi libertad, no, no estoy harta de él y sólo pensamos en construir algo bonito juntos. (y tener dinero para la renta del mes)
- El desorden. Cada uno tiene conceptos de lo que es el desorden. A mi me parece grave no barrer, a él le parece horroroso que yo me acueste en la cama con el cabello mojado. Cada uno tiene una idea distinta de lo que es prioridad a la hora de limpiar o tener la casa arreglada. Así que he aprendido que la clave está en hablar. Algunas cosas fluirán sin decirlas como, el acuerdo silencioso donde él preparará el desayuno pero yo lavaré los platos. Son cosas que sin decir suceden. Pero para las que no sólo hay una solución: hablar.
- No irse a dormir enojados. Leí tantas veces esto en revistas y bueno ¡Tenían razón! No hay nada como irse a dormir enojados, es incómodo y usualmente yo termino teniendo pesadillas de terror. Lo peor es que si eres tan terca como lo soy, es posible que amanezcas enojada todavía y entonces no sólo te vayas a dormir enojada sino que despertarás de la misma manera. Así que por tu propio bien ¡Dale un beso e intenta dormir en paz!
- Dos cabezas, dos mundos. No estoy hablando de decisiones o temas importantes. Escenario número uno: hacemos un plan para la mañana de “iremos al banco, al súper etc” (sin decir un orden específico) y él pensaba que primero iríamos al súper porque es lo que está más cerca y yo pensaba que primero iríamos al cajero porque necesitaba dinero en efectivo. Entonces cuando nos damos cuenta, cada uno va caminando hacia direcciones distintas. Escenario número dos: estamos preparando la cena juntos; para mí primero va el jamón y luego el queso, el piensa que primero van los champiñones y luego el queso (por decir algo) así que es muy gracioso darte cuenta que incluso para cosas tan simples la metodología o el razonamiento es distinto. La única solución es reírse de los pequeños malentendidos y dejar que cada uno lo haga a su manera y claro, aclarar el orden de los planes a realizar.
- El tiempo. Les narraré esta historia: él pone el despertador a cierta hora porque sólo necesita 25 minutos para bañarse y arreglarse. El caos comienza cuando él se da cuenta que ella no estará lista en la misma cantidad de tiempo que él; la cara comienza a cambiarle y el ceño a fruncirse. Ella se niega a acelerar el paso y le reclama porque ella necesita más tiempo por las mañanas, ya que su delineado negro de los ojos le toma más tiempo de lo que él piensa. Moraleja de la historia: ahora también debes tomar en cuenta los tiempos de la otra persona, despertarse antes o hacer el acuerdo donde uno prepara el desayuno mientras el otro se baña, soluciones hay muchas, sólo hay que escoger una.
Continuará…
