Siempre estuve ahí, en el fondo de la fotografía, en el rincón donde nadie husmea.
Estuve sentada a tu lado, mientras fumabas ese último cigarro.
Guardada en ese cajón donde pensaste que nadie me encontraría. Nadie más que tú.
Siempre estuve ahí.
En una oración sin terminar, en ese sorbo de cerveza caliente.
En esa noche donde la realidad te provocó indigestión y vomitaste todas las palabras que jamás pudiste decirme.
Estuve ahí cuando fuiste genuinamente feliz y también cuando intentabas convencer al mundo de que lo eras.
Estuve ahí mientras mentías sin titubear y coqueteabas con frases vacías de esas que no valen nada.
Siempre estuve ahí, nunca me moví de ese lugar tan alto donde me pusiste, jamás bajé esos escalones, jamás te pedí esos “te quiero” de vuelta.
Te lo dejé todo ahí, doblado y ordenado, para que dispusieras de nuestros recuerdos un domingo cualquiera, para que usaras mi perfume un día de fiesta y te revolcaras en tu propia incertidumbre.
Me diste por perdida, no tuviste el valor de hacerme tuya, pero en realidad nunca me fui.
P. Alcocer

Deja un Comentario