El punto final de cada semana,
Esa despedida que no queremos que llegue, pero que es necesaria.
El plazo que siempre se cumple, junto a una promesa que casi nunca florece.
De ti aprendí que es posible ser dulce y agrio a la vez,
De ti aprendí que puedo amarme y amarte también.
Me enseñaste de pequeños finales y grandes pausas,
Me enseñaste a decir adiós sin cuestionar las causas.
Por ti aprendí a anhelar el mañana,
Pero también me enredaste entre las sábanas de la nostalgia.
Eso eres, un ciclo sin fin, un no y un sí, un juego mental, un duelo semanal.
Eres ese beso de despedida de alguien que sabes que volverá…
Paulina Alcocer

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