Hola de nuevo Barcelona

Han pasado dos años desde que estuve aquí y confieso que estaba nerviosa. Sí, nerviosa, sé que puede parecer extraño pero sentía una mezcla de felicidad y nervios de regresar a una ciudad tan especial para mí.

Pensaba…  ¿la habré idealizado mucho? ¿será que tal vez sólo fue una buena experiencia en aquel momento de mi vida o que estoy dándole mucha importancia y emoción a esto?

Pero la verdad es que me he sentido mejor que bien, me siento feliz y llevo poco más de una semana aquí, pero ha sido tiempo suficiente para darme cuenta que no, no fue pura idealización. A mí me encanta, pero sé que no es perfecta. Tiene su lado bueno y su lado “malo” (por llamarle de una manera).

Nunca pensé que una ciudad se pudiera volver tan especial pero aquí estoy, escribiendo sobre lo bonito que se siente estar de vuelta; aunque sea por un par de semanas.

Es raro, pero para mí Barcelona es como esa amiga que aunque haya pasado mucho tiempo sin verla, es como si nada hubiera cambiado. Me siento igual de cómoda y feliz caminando por sus calles, parece que las cosas no han cambiado tanto. Más bien la que ha cambiado soy yo. Ya no me siento tan triste como cuando llegué en el 2015.

Barcelona fue dos cosas muy importantes en mi vida: el sueño cumplido de estudiar fuera de México y por otro lado el refugio en el duelo de mi mamá. Una combinación triste, agridulce y con sus altibajos, pero ahora entiendo que todo tenía sentido y que la vida me puso en ese momento de mi vida por algo: para sanar, distraerme, dejarme vivir mi tristeza como yo quisiera vivirla.

No llegué con la vibra con la que todos los estudiantes llegan; al principio no tenía ganas de socializar, a veces sólo quería estar en cama, pero aún así recuerdo ese tiempo con cariño y alegría; porque al final de todo creo que entre la magia de la ciudad y el cariño de Jorge pude verlo todo con otros ojos. Los ojos de la esperanza.

Barcelona para mí es ese lugar que me permitió estar triste sin que nadie me reprochará nada, sin presiones de “cómo vivir un duelo” salía a la calle muchas veces en la peor de las fachas, pero honestamente no me importaba. Aprendí a saborear el momento y que me valiera un poco el mundo, aprendí a disfrutar de las caminatas, las vistas de la ciudad, sus olores, su gente tan distinta y tan variada, aprendí otra forma de vivir de la que yo estaba acostumbrada. Aprendí a ver lo bonito a pesar todo lo malo que pueda estar pasando en el mundo. Aprendí a sentirme pequeña sin ser insignificante.

Pude viajar, conocer, comer y vaya que comí. Por eso mi reencuentro con Barcelona era tan importante, porque quería volver, caminar por estas mismas calles, decirme a mi misma: sobreviviste, aquí sigues. La tristeza no te venció, al contrario… te hizo más fuerte, más agradecida y más consciente de lo corta que puede ser la vida.

Sentía que le debía esto a la Paulina del 2015, moría por recorrer estas calles sin tanto pesar, con más alegría y más alerta que nunca.  Quería ser turista nuevamente y sobre todo quería volver a toda esa gente que sin conocerme, me recibió con los brazos abiertos, me hicieron sentir una más del grupo y hoy puedo decir que son amigos que quiero con todo el corazón. Yo creo que mi experiencia sin ellos no hubiera sido lo mismo, las cenas, las fiestas, las noches de cañas, copas y risas. Sin duda, la gente puede hacer toda la diferencia en una ciudad. Yo tuve mucha suerte con los amigos de Jorge, en mi trabajo y en la escuela. Barcelona me dio mucha gente que llevo en el corazón…

En fin, pues este reencuentro ha sido igual que el de esa amiga que menciono al principio: divertido, terapéutico, relajante y a la vez muy familiar.

Gracias por todo Barcelona.

Poly.

Deja un Comentario

Tu direccion de correo no sera publicada.