Nacer, crecer, conocernos, tratarnos como extraños, morir.

Hubo un tiempo donde no sabías mi nombre ni yo el tuyo, pero el universo es así: une, acerca, hace apuestas y también separa.

Llegaste a mi vida como viajero, con exceso de equipaje y sin intenciones, pero estábamos destinados a compartir algo: un libro, una canción, amistad, secretos, un beso o una noche. 

La vida sucedió y nos hemos convertido en dos extraños, al principio nos resistimos un poco y dijimos frases como “seguiremos siendo amigos”, “me puedes llamar cuando lo necesites”, la verdad es que el tiempo separa y no hay relación que sobreviva al silencio de dos personas que no se saben.

Es extraño pensar que en algún momento te aconsejé, me escuchaste, hicimos planes, te mostré tus defectos, tú los míos, peleamos, tomamos fotos, te preparé un pastel para tu cumpleaños, me dedicaste una canción, te escribí un poema, me viste llorar, nos emborrachamos, me enojé contigo, te disculpaste, nos besamos, nos abrazamos y en un abrir y cerrar de ojos pasamos de ser cómplices a ser nada.

Hoy nos evitamos, incluso nos incomoda escuchar nuestros nombres en la misma oración porque en nuestro presente ya no hay espacio para el pasado que compartimos. 

Siempre viviremos con la ironía de haber sido y dejar de ser, de vez en cuando te recuerdo y con ese destello del pasado me basta. 

Deja un Comentario

Tu direccion de correo no sera publicada.