Somos olas que recargan, sumergen y arrastran.
Tempestad y fuertes vientos que nos dejan a la deriva.
Un profundo mar que se vuelve el hogar de sueños y fantasías, donde conviven el ayer y el mañana.
Somos lágrimas porque el alma necesita limpiar sus rincones más olvidados.
Lágrimas que nos recuerdan que somos humanos y que las emociones están ahí, como una partitura esperando ser leída y transformada en melodía.
Hielo cuando necesitamos transformarnos, evadir y mostrarnos invencibles ante el mundo.
Somos vapor porque nuestro cuerpo brilla y se convierte en nube para volar entre cielos.
Hay que sudar nuestras penas y alegrías.
Por eso el mar, nos produce algo mágico, porque su inmensidad nos recuerda que somos agua, y que estamos frente a un reflejo de calma y arrebato infinito

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